5. Evolución cultural

5.1. El dominio del fuego.

Fue el Homo erectus el primero en tener un cierto dominio del fuego. Bien sabido es que estos primitivos humanos utilizaron ya el fuego para realizar importantes actividades varias, imposibles de efectuar antes, sin este gran descubrimiento.

Los expertos diferencian dos momentos en los que se hicieron los primeros fuegos. El primero se remonta a 1,5-1,2 millones de años atrás en Kenia y Etiopía. Conocieron el que sería su gran aliado contra los enemigos, gracias a la propia naturaleza.

El segundo fue hace entre 400.000 y 350.000 años en Etiopía, Zambia y Sudáfrica. Entre los dos hay un largo período de 800.000 años. Aunque lo cierto es que de la primera época señalada hay serias dudas de que realmente fuera un fuego intencionado. Se han hallado indicios de fuego en Zhoukoudian, un yacimiento de China, en el que estuvo instalado el Homo erectus, el protagonista de estas primeras llamas.

Se considera que el hombre primitivo percibió el fuego debido a algunos acontecimientos espontáneos como los volcanes o los rayos. Conocieron el que sería su gran aliado contra los enemigos gracias a la propia naturaleza. Pero el asunto tuvo sus complicaciones. Y es que una vez obtenido el fuego, éste se debía conservar, algo nada fácil para estos primeros humanos. Al principio, pues, existía el problema de saber cuidar el fuego que llevaban a los poblados y mantenerlo. No sabían encenderlo aún ni sustentarlo. Al igual que llegaba la oportunidad de tenerlo, con la misma facilidad también veían cómo se apagaba. En sus comienzos no intervenían de ninguna manera en la situación, ya que tenían que esperar a que la naturaleza les brindara la ocasión de lograrlo de nuevo. El experto Eudald Carbonell nos describe muy bien esta primera fase de aproximación al fuego: "Es posible que hubiera un aprovechamiento esporádico de llamas obtenidas en incendios naturales. Es decir, antes de la fase de producción hubo probablemente una fase de carroñeo del fuego".

Luego conseguirían hacer fuego por ellos mismos y ejercer así un cierto control sobre la situación sin tener que esperar a que pasara nada especial. Los prehistóricos, al encender fuego por ellos mismos, ya podían utilizarlo para lo que les hiciera falta en el momento que quisieran. Esto es ya el dominio del fuego.

La primera forma de crear llamas fue el frotamiento de una punta de palo seco sobre un mismo punto de seca madera. Luego hubieron otros, diferentes pero igual de válidos. Se frotaba una liana en una ranura realizada en la madera y también daba resultado. Otro método era el de conseguir chispas a través de las piedras que contenían piritas de hierro. Además, se tuvo que afrontar otra dificultad. Tenían que pensar en el sitio más adecuado para encenderlo y mantenerlo vivo. Los primeros lugares fueron en cavernas, sobre piedras, enterrado en un pozo o enterrado en un hueco revestido con piedras.

Con la llegada del fuego se acaban las carnes crudas, los fríos invernales y hasta el miedo a algunos animales. Tal es el poder de las llamas. Los primeros fuegos controlados sirvieron para empezar a asar. Estos son, pues, los inicios de la cocina. Porque realmente, estos primeros humanos, acostumbrados a la carne sangrante y cruda, empezaron a degustar el sabor de una chuleta bien hecha. Percibieron que era más caliente y reconfortante, que se comía mejor. Cocinaban de veras la carne de las presas que habían cazado, colocándola en una varilla paralela al fuego, apoyada en dos piezas verticales. Más adelante surge otra forma de efectuar la cocción, ya con recipientes. Además de conseguir una comida más sabrosa, la cocción de la carne era eficaz para acabar con los parásitos y las toxinas de los alimentos. También, al ser la carne más tierna, los ancianos y los niños sacarían provecho de ello, alimentándose con más facilidad.

Los animales feroces eran ahuyentados con teas encendidas y en las luchas el fuego empezaba a ser un arma eficaz. Al lograr conservar las fogatas, obtenían calor para los días más fríos. Tampoco hay que olvidar el gran elemento de comunicación que constituyó el fuego en esta época. Porque con los primeros fuegos también salieron los primeros humos y consecuentemente las primeras señales de humo. Esto es, las primeras comunicaciones a larga distancia.

El fuego, sin duda, supuso un cambio radical, una mejora de vida en todos los sentidos. Para que nos hagamos una idea de ello, Eudald Carbonell nos comenta: "El fuego tuvo un impacto brutal. El fuego cambió para siempre las sociedades humanas. Cambió la alimentación, cambió el modo de protegerse del frío, cambió el modo de comunicarse entre los miembros del grupo, cambió la demografía. Lo cambió todo. Fue un progreso fundamental porque permitió otros progresos que a su vez abrieron la vía a otros progresos. Fue el punto de origen de una reacción en cadena que ha llevado hasta nosotros".

Los primitivos irán evolucionando con el fuego. Así, pasado un tiempo, consiguieron avanzar en el tema, haciendo su vida más fácil. Empezaron a utilizar el fuego para alumbrarse en las horas más oscuras, a través de rudimentarias lámparas y velas. También lo utilizarían pronto para derretir metales y conseguir la fabricación de piezas varias que les serían de gran utilidad. Por otro lado, al fijarse en la tierra endurecida alrededor de las fogatas, se empezó a trabajar con barro y poco a poco, introduciendo el fuego como elemento de cocción en esto, consiguieron objetos de alfarería, vasos, vasijas y recipientes de todo tipo.

En busca del fuego - Los primeros cocineros
Por Juan Luis Arsuaga (1 y 2 de noviembre de 1999) [Saltarse este artículo]

A los habitantes de las tierras frías se nos hace difícil concebir la vida al aire libre sin el calor del fuego. Y no hace falta imaginarse a uno mismo en las tierras árticas para sentir un escalofrío. Incluso en las regiones mediterráneas baja mucho la temperatura en las noches de invierno. Más allá de los trópicos no hay para los humanos ningún clima que sea lo suficientemente cálido todo el año. Somos, a fin de cuentas, unos monos desnudos que tienen que protegerse del frío artificialmente, con vestidos que suplan nuestra falta de pelo, o con un buen fuego que nos caliente cuando el Sol se pone.

Del origen del vestido poco sabemos, aunque el análisis de las microscópicas trazas de uso en los filos de los instrumentos de piedra fabricados en la Prehistoria muestra que hace 300.000 años ya se trabajaba la piel, posiblemente para hacer vestidos, bolsas, etc. Los humanos de tipo moderno que habitaban Europa hace 40.000 años (los Hombres de Cro-Magnon) debían de confeccionarse unos trajes muy elaborados, porque ya contaban para ello con punzones de hueso y algo más tarde con agujas (con un ojo para enebrar). Cuando una devastadora ola de frío glaciar invadió el continente, los cromañones estaban bien preparados para aislarse del ambiente.

A las tierras castellanas de Atapuerca llegaron los humanos hace 800.000 años. Aunque entonces el clima no fuera glaciar, tampoco sería más cálido que el actual, y hace hoy mucho frío en Burgos durante gran parte del año. ¿Tendrían entonces ya fuego? No hay pruebas indiscutibles del uso del fuego por los humanos hasta hace más o menos un cuarto de millón de años, cuando empieza a generalizarse en los yacimientos. Los neandertales lo usaron intensivamente, una y otra vez, y también nuestros antepasados. De unos y de otros se conservan verdaderos hogares en las cuevas, que indican sin resquicio para la duda la presencia de un fuego controlado. Pero, ¿y antes?

En los yacimientos de la Sierra de Atapuerca todavía no se han encontrado trazas de fuego en ninguno de los dos yacimientos excavados en los que se produjeron ocupaciones humanas: la cueva llamada la Galería y la conocida como la Gran Dolina. En la primera los niveles arqueológicos tienen alrededor de los 300.000 años (un poco más los inferiores). En la Gran Dolina se ha excavado en una gran extensión los niveles altos, de edad equivalente a los de la Galería (también se han muestreado los niveles bajos, que son los que han proporcionado los fósiles humanos, pero en un superficie mucho menor). No se ha dado todavía con ninguna prueba firme del uso del fuego por aquella gente; si en los próximos años no aparece alguna en la gran Dolina habría que empezar a considerar seriamente la posibilidad de que no conocieran el fuego. ¿Quizás no fue inventado -o descubierto, como se prefiera- hasta hace más o menos un cuarto de millón de años?

Fuera de Atapuerca se han presentado algunas pruebas de que el fuego era usado en yacimientos de edad comprendida de hace entre un cuarto de millón de años y hace medio millón de años, como los de Terra Amata en Francia o Bilzingsleben en Alemania. Pero el caso que ha sido tomado más en serio es el del famoso yacimiento chino de Zhoukoudian. Las excavaciones clásicas de los años treinta descubrieron, según consignaron sus autores, materia orgánica (interpretada como carbones), huesos quemados, caliza calentada por el fuego y transformada en cal, zonas de suelo endurecido y de color rojizo, e incluso un instrumento de piedra quemado. La cuestión, sin embargo, es la de si todo eso prueba la existencia en la cueva de fuego controlado, o si se trata de residuos de fuegos naturales que se produjeron fuera de la cueva, y que luego el agua arrastró dentro. Cuando no hay hogares in situ, con los restos de combustión concentrados en un sólo punto -y mejor todavía si están rodeados de piedras-, todo son problemas de interpretación.

Para aclarar las cosas, recientemente se han estudiado huesos quemados procedentes del nivel 10 de Zhoukoudian, que debe de rondar el medio millón de años. Los huesos se encontraron asociados a instrumentos de piedra.

Desgraciadamente no se ha llegado a ninguna conclusión definitiva, porque no se pudo demostrar que unos y otros estuvieran en su posición original y no hayan sido transportados por una corriente de agua. Sigue faltando un buen hogar.

Los primeros cocineros

Todo lo dicho hasta ahora se refiere a las tierras de Europa y a las regiones no tropicales de Asia; no hay duda de que con ayuda del fuego habrían sido más fácilmente pobladas. Pero además del factor climático está el alimenticio. ¿Era en la Prehistoria tan importante el fuego a la hora de comer como lo es ahora? Desde luego que no, si se trata de consumir productos animales y frutos vegetales, que perfectamente se pueden comer crudos. Sin embargo, hay un tipo de alimento para el que el fuego es necesario, y que además podría haber cambiado el curso de la evolución humana. Por eso resulta tan importante averiguar cuándo se domesticó el fuego. El alimento en cuestión son los tubérculos, una fuente de proteínas y carbohidratos muy sustanciosa y sin embargo de acceso muy complicado para los animales. Un humano con un palo de cavar puede, en cambio, llegar fácilmente hasta ellos.

Un ejemplo moderno nos lo ofrecen los últimos cazadores y recolectores africanos, los Hadza de Tanzania y los bosquimanos de lengua !Kung de Botswana, por ejemplo. Todos ellos consumen tubérculos en grandes cantidades, hasta el punto de que este recurso puede llegar a ser la base de su alimentación, una fuente mucho más regular de alimento que la siempre imprevisible caza. Si los primeros humanos hubieran sabido aprovechar esta despensa subterránea, el papel de la caza en la evolución humana pasaría a un segundo lugar, por lo menos en lo que se refiere a África, donde empezó todo. A lo que hay que añadir que, puesto que las mujeres pueden cavar con la misma eficacia que los hombres en busca de tubérculos, el papel masculino en la paleoeconomía también perdería importancia (de hecho son las mujeres las que recolectan en esos pueblos africanos, y los hombres los que cazan).

Los tubérculos tienen, sin embargo, el grave problema de que son frecuentemente tóxicos y es necesario tostarlos para hacerlos comestibles.

También se pueden cocer en agua con el mismo propósito (y para ablandarlos), pero esto sólo se realiza con eficacia desde que, muy recientemente, en el Neolítico, se inventó la cerámica. Aunque quizás antes se utilizasen piedras calentadas en la hoguera para llevar a ebullición el agua contenida en recipientes de madera o de piel de los que no nos han quedado testimonios, la eficacia del procedimiento siempre sería mucho menor que la de la vasija puesta al fuego. Sin llama pues no hay "economía del tubérculo" que valga, por lo que el fuego tiene que ser tan antiguo como la alimentación a base de estos órganos de almacenamiento subterráneo.

Pues bien, hay un equipo científico, el de Ralph M. Rowlett, que cree haber descubierto trazas de fuego controlado en las orillas del lago Turkana, en Kenia. Estos presuntos hogares tienen poco más de un millón y medio de años. El problema es que son tan viejos que los carbones no se han conservado y hay que deducir la existencia de antiguos fuegos por la alteración del sedimento que se observa en determinados puntos muy localizados. Una evidencia demasiado circunstancial para muchos autores.

Pero aún hay más. El presunto autor de estos fuegos africanos sería el Homo ergaster, la primera especie de homínido de una estatura similar a la nuestra. Todos los homínidos anteriores -los australopitecos, los parántropos y el Homo habilis- eran pequeños, de hecho poco más altos que un chimpancé puesto de pie. Pero además de ser bajitos, los primeros homínidos tenían una gran diferencia entre los dos sexos (un gran dimorfismo sexual). Con el Homo ergaster crecieron mucho los machos, pero más lo hicieron las hembras, reduciéndose las diferencias entre los sexos (en realidad el grado de dimorfismo sexual humano no puede establecerse con seguridad hasta la población de la Sima de los Huesos, en Atapuerca, donde ha resultado ser similar al nuestro; esta población tiene 300.000 años, pero es posible que el dimorfismo sexual fuera de un grado similar en el Homo ergaster). ¿Tendría algo que ver con la reducción del dimorfismo sexual el nuevo papel que adquirieron las hembras como principales, o al menos, muy importantes suministradoras de las calorías del grupo? No hay una respuesta definitiva a estas preguntas, porque todavía no está demostrada la existencia de hogares en la época del Homo ergaster, pero cualquier día puede producirse un descubrimiento inesperado. ¿Lo veremos?


Nota del webmaster: Este artículo fue escrito en 1999, cuando aún estaba generalizado el uso del término homínido para referirse a las especies que forman parte del clado humano. Como se ha explicado anteriormente, ahora se prefiere utilizar el término hominino.

5.2. Evolución tecnológica.

Las piedras talladas representan la evidencia más abundante de las capacidades tecnológicas de nuestros antepasados, ya que este tipo de material tiene una mayor dureza y conservabilidad que otros materiales que también eran utilizados, como la madera. Durante los primeros estadios de la evolución humana no aparecen evidencias de talla lítica, y así Ardipithecus ramidus, Australopithecus anamensis, Australopithecus afarensis y Australopithecus africanus no serían capaces de tallar industria lítica.

Hasta hace 2,5 millones de años no aparecen en los yacimientos los primeros utensilios de piedra, aunque es lógico pensar que los primeros utensilios serían de madera, si bien no se han conservado.

El tipo de industria lítica más simple sería una piedra natural sin modificar mediante la talla, como en algunos casos se ha visto utilizar a los chimpancés en estado natural. Sin embargo, este tipo de útiles también son muy difíciles de reconocer en el registro lítico. El siguiente paso de la evolución cultural es el golpeo simple de una piedra contra otra, con la que se obtienen lascas muy simples pero con filos cortantes.

5.2.1. El Modo Técnico 1: Olduvayense.

Las piedras talladas más antiguas conocidas proceden de Gona, un yacimiento de la región de Hadar, Etiopía, al que se le atribuye una edad cercana a los 2,5 millones de años. La primera asociación directa de fósiles humanos e industria lítica procede de la región de Hadar: un maxilar muy completo (A.L. 666-1) cuya asignación al género Homo parece clara, aunque todavía no sabemos a qué especie pertenece. El fósil se halló inmediatamente debajo de una toba volcánica fechada mediante técnicas radiométricas en cerca de 2,3 millones de años de antigüedad. Junto con el fósil humano se encontraron una veintena de utensilios de piedra. Este hallazgo ha venido a reforzar la hipótesis de que Homo fue el autor de las primeras industrias. Sin embargo, algunos autores atribuyen dichas capacidades a otros géneros de homininos como Paranthropus, que aparece asociado a industria lítica en numerosos yacimientos, como Olduvai o Swartkrans, y también a Australopithecus garhi, con el que han aparecido asociados unos huesos con marcas de corte.

Se han encontrado yacimientos con industria lítica en el valle del río Omo, que tienen una antigüedad de entre 2 y 2,2 millones de años. Y también se han encontrado industrias líticas de entre 2,5 y 2 millones de años a lo largo de todo el valle del Rift (Etiopía, Kenia, Zaire, Tanzania y Malawi). En la garganta de Olduvai fue donde por primera vez fueron reconocidas estos instrumentos de piedra, y por eso se denomina industria Olduvayense, o según una terminología más moderna Modo Técnico 1. Los yacimientos más antiguos de Olduvai, procedentes del lecho 1, tienen alrededor de 1,9 millones de años de antigüedad.

Los conjuntos líticos del Modo Técnico 1 están formados por cantos y rocas tallados sin una forma estandarizada y por las lascas que se obtienen en el proceso de talla. Estas lascas son a menudo retocadas ligeramente. El proceso de fabricación de estos instrumentos requiere secuencias de pocos golpes. También utilizaban cantos y rocas, sin modificar, a modo de martillos y yunques.

Olduvayense

Instrumentos muy similares a estos también se encuentran en el sur de África (Sterkfontein en Sudáfrica) y en el norte de este continente (Ain Hanech en Argelia), con una antigüedad de 1,5 millones de años.

Fuera de África los yacimientos arqueológicos presentan muchos más problemas en su datación, al no ser tan frecuentes las tobas volcánicas y quedar fuera del rango de los métodos tradicionales de uranio y carbono-14. Por lo tanto, la fecha de la salida de África sigue siendo incierta. Aunque algunos autores han propuesto fechas de alrededor de 2 millones para unos instrumentos líticos cerca de Riwat en el norte de Pakistán, lo más probable es que la salida de África se produjese hace alrededor de un millón y medio de años. Entre los yacimientos más antiguos y mejor datados con industria lítica fuera de África se encuentra Dmanisi (Georgia) con 1,4-1,6 millones de años, Ubeidiya con 1,6 millones de años y Lantian (China) con 1,3 millones de años.

Uno de los conjuntos de fósiles humanos mejor conocidos son los fósiles de Java, sin embargo, ninguno de ellos aparece asociado a industria lítica. Quizás porque utilizaban otro tipo de materiales que no se ha conservado, como la madera o el bambú. Entre los yacimientos más antiguos de Asia el que mejor se conoce es Zhoukoudian, cerca de Pekín (donde también han aparecido abundantes restos fósiles de Homo erectus). Este yacimiento fue ocupado por los humanos a lo largo de centenares de miles de años y las ocupaciones más antiguas son de hace 500.000 años. La industria lítica de Zhoukoudian pertenece al Modo Técnico 1.

En Europa los yacimientos que con más de medio millón de años tienen industrias de Modo Técnico 1, como por ejemplo La Pineta (Isernia, Italia), Bilzingsleben (Alemania), Vértesszöllös (Hungría) y la Gran Dolina en la Sierra de Atapuerca. Como sucede en el Lejano Oriente, también en Europa las industrias más antiguas pertenecen al Modo Técnico 1, aunque el Modo Técnico 2 hacía mucho que se había desarrollado en África. Esto plantea bastantes problemas de interpretación: quizás el material no era el adecuado, aunque esto no parece probable ya que utilizaban los mismos que los achelenses, sílex y cuarcita; tal vez los primeros pobladores de Asia y Europa salieron de África antes de que se desarrollase el Modo Técnico 2; o quizás no les hiciese falta elaborar el tipo de útiles característico del Modo Técnico 2, como por ejemplo los bifaces, aunque su tipo de talla ya estuviera desarrollado.

5.2.2. El Modo Técnico 2: Achelense.

El siguiente paso en la elaboración de industria lítica es la confección de herramientas que tienen un claro eje de simetría. El Modo Técnico 1 evoluciona hacia un tipo de talla bifacial, donde las lascas se obtienen golpeando sobre las dos caras opuestas de un núcleo. Los yacimientos achelenses son muy numerosos en todo el Viejo Mundo. El Achelense fue reconocido por primera vez en el yacimiento francés de Saint Acheul, por esta razón recibe ese nombre. El fósil tipo del Achelense, o Modo Técnico 2, es el bifaz, donde se combinan dos filos cortantes que convergen simétricamente en una punta. El bifaz es un instrumento muy versátil y es constante su presencia a lo largo de más de un millón de años de nuestra evolución. Otros tipos característicos del Modo Técnico 2 son los hendedores o picos, que también tienen un tipo de talla bifacial.

Achelense

El yacimiento más antiguo de Modo Técnico 2 es el yacimiento de Konso en Etiopía con una antigüedad de 1,6 millones de años. Otros yacimientos con alrededor de 1,5 millones de años se encuentran en el lecho 2 de Olduvai y en Peninj (ambos en Tanzania). Se extiende geográficamente por toda África, Europa y gran parte de Asia, excepto en el Extremo Oriente. El yacimiento israelita de Ubeidiya es el yacimiento más antiguo del Modo Técnico 2 fuera de África, con 1,5 millones de años.

En Europa podemos encontrar industrias de tipo Achelense posteriores al medio millón de años de antigüedad, mientras que los yacimientos más antiguos tienen industrias del Modo Técnico 1. Algunos de los yacimientos que contienen numerosos bifaces son Ambrona y Torralba en España, y Boxgrove y Hoxne en el sur de Inglaterra. A este periodo también pertenecen los excepcionales hallazgos de tres lanzas, de alrededor de 2 metros de longitud, halladas en las turberas de Schönningen (Alemania) con unos 400.000 años de antigüedad. La madera raramente se conserva y estas lanzas son el ejemplo más antiguo de utensilios de este material.

Hace unos 150.000 años las industrias de bifaces empiezan a desaparecer por el desarrollo de nuevas técnicas de talla y por la especialización de útiles construidos sobre lascas. Los últimos bifaces se construyen sobre lascas de gran formato, y tienen un acabado muy refinado con el uso de percutores blandos, como la madera.

5.2.3. El Modo Técnico 3: Musteriense.

El Paleolítico Medio cubre un periodo comprendido entre los 200.000 y los 30.000 años. La industria es más diversificada que en el Paleolítico Inferior, y se caracteriza por una alta proporción de industria sobre lascas: raederas, raspadores y denticulados. El Paleolítico Medio está caracterizado por una forma de tallar la piedra denominada técnica Levallois. Este método que aparece hace aproximadamente 200.000 años, consiste en preparar el núcleo con una serie de extracciones que modelan la superficie del mismo, de forma que posteriormente se obtienen lascas de una forma determinada.

Tradicionalmente se atribuye la industria Musteriense o del Paleolítico Medio a los neandertales. Pero en Israel se han documentado numerosas cuevas que contienen complejos industriales del Paleolítico Medio y, mientras que en la cueva de Kebara aparecen junto a restos de neandertales, en el yacimiento de Qafzeh (Israel) aparecen asociados a enterramientos de Homo sapiens. Por lo tanto, ambos tipos de humanos elaboraban el mismo tipo de industria lítica, y la vieja idea de que las industrias del Paleolítico Medio eran obra de los neandertales no tiene sentido. De hecho, podemos reconocer industrias líticas muy similares al Musteriense en otras partes del Viejo Mundo. A estas industrias se les denomina con el término Edad de Piedra Media (Middle Stone Age), y todas ellas pueden englobarse en el Modo Técnico 3.

Musteriense

En África reconocemos industrias del Modo Técnico 3 desde hace unos 150.000 años hasta hace unos 20.000-10.000 años. Todas ellas se caracterizan por la talla Levallois, y algunas de ellas presentan talla de tipo laminar, como por ejemplo en el yacimiento de Haua Fteah (Libia) y en el río Orange (Sudáfrica). Existen variedades de Paleolítico Medio por toda África:

En Asia el Modo Técnico 3 está peor conocido y las dataciones absolutas de los yacimientos son escasas. Sin embargo, se han excavado conjuntos de industrias líticas musterienses en Irak, Iran, Afganistán y cerca del lago Baikal en Siberia. En Asia Oriental también se encuentran industrias de Modo Técnico 3, aunque no son típicamente musterienses. Todas ellas presentan talla de tipo Levallois, y tienen entre 40.000 y 20.000 años de antigüedad.

Existen numerosos yacimientos con industrias musterienses repartidas por toda la Península Ibérica: en la cordillera cantábrica, El Castillo (Santander), Cueva Morín; en la zona mediterránea, el Abrigo Romaní (Barcelona), La Arbreda (Gerona), Cova Negra (Valencia); sur de la Península, Carigüela (Granada), Gibraltar, Zafarraya (Málaga); en el centro peninsular, Cueva Millán (Burgos), Los Casares (Guadalajara), etc. Mientras que en el norte de la Península los yacimientos de Paleolítico Superior tienen unos 40.000 años de antigüedad, en el sur de la Península y en Portugal el Musteriense perdura hasta hace unos 30.000 años.

5.2.4. El Modo Técnico 4.

El Paleolítico Superior cubre un periodo comprendido entre los 40.000 años y los 10.000-9.000 años, y aparece asociado a los humanos modernos. Esta época corresponde a la segunda parte de la última glaciación, el Würm, y termina con el calentamiento que se produce en el período Alleröd. El Paleolítico Superior se caracteriza por el perfeccionamiento de la elaboración de útiles con la técnica laminar, y el aumento de la proporción de raspadores y buriles. Con el Paleolítico Superior aparecen nuevos útiles y diseños que responden, con su variedad de formas, a distintos trabajos muy especializados: limpieza, curtido, preparación y perforado de pieles, trabajo y modificación del hueso, para grabar figuras en las paredes de las cuevas, etc.

En el Paleolítico Superior se desarrolla una nueva y sorprendente manera de fabricar herramientas de tipo laminar mediante la percusión indirecta. La talla laminar consiste en la preparación del núcleo creando un plano de percusión que guíe la onda de choque, y que permita generar lascas muy alargadas y planas. Utilizando un martillo de piedra, hueso, madera o cuerno, el fabricante golpeaba un punzón de cuerno que se apoyaba sobre el borde del núcleo. De esta forma, se obtenían lascas muy largas, planas y estrechas, que posteriormente se podían retocar para obtener la forma de útil deseada. Estas láminas se hacían en serie para aprovechar mejor el material. A partir de una sola piedra, este método permitía obtener un mayor número de instrumentos, y una mayor cantidad de filo.

Sin embargo las láminas de industria lítica no son exclusivas del Paleolítico Superior, y encontramos láminas con más de 100.000 años de antigüedad en diversos lugares de África y Europa. También aparecen en industrias musterienses del Próximo Oriente y de Grecia, pero en ninguno de estos lugares los conjuntos líticos son tan sofisticados y variados como los del Paleolítico Superior.

Gran cantidad de instrumentos del Paleolítico eran de hueso, cuerno, madera y marfil. Estas materias primas se empiezan a utilizar sistemáticamente durante este periodo: propulsores, puntas para caza (también llamadas azagayas), agujas y arpones fueron realizados en cuerno y hueso. Esta variedad de instrumentos incrementó enormemente el control de la humanidad sobre el medio ambiente. Los instrumentos del Paleolítico Superior europeo variaron mucho dependiendo del lugar y la época. Algunos arqueólogos piensan que esto refleja diferentes grupos de individuos, mientras que otros creen que los distintos instrumentos reflejan diferentes escuelas o culturas.

La cronología del Paleolítico Superior de Europa Occidental fue definida por H. Breuil y D. Peyrony a partir de las industrias líticas procedentes de abrigos y cuevas del sudoeste francés, reconociendo cinco tipos principales de industria:

Modo Técnico 4

Las industrias del Paleolítico Superior no son exclusivas de los humanos modernos. El Châtelperroniense se clasifica como un tipo de industria del Paleolítico Superior, pero en los yacimientos de Arcy-sur-Cure y Saint Cesaire (ambos en Francia) aparece asociado con restos de neandertales y, por lo tanto, los autores de este tipo de industria lítica habrían sido los neandertales, y sería el fruto del aprendizaje de las modernas técnicas de elaborar industria lítica que poseían los humanos modernos durante el periodo de tiempo en que convivieron juntos.

Los análisis químicos y microscópicos de los tipos de sílex utilizados durante el Paleolítico Superior han mostrado que la materia prima se intercambiaba o se transportaba a través de grandes distancias, en algunos casos superiores al centenar de kilómetros. Relacionado con esta movilidad de los hombres del Paleolítico Superior o con sus actividades comerciales, también aparecen algunas conchas marinas en yacimientos alejados de la costa por centenares de kilómetros.

Los descubrimientos arqueológicos sugieren que las armas y las técnicas de caza de los Homo sapiens sobrepasaron a los neandertales, con importantes consecuencias sobre el aprovisionamiento de la comida y el crecimiento de la población. Utilizaban propulsores para lanzar sus armas, que aumentaban la fuerza ejercida por el brazo humano, doblando la distancia de caza. Esto permitía cazar a mayor distancia, antes de que su presa llegara a asustarse y huyera. Las presas eran básicamente las mismas que durante el Paleolítico Medio, pero durante el periodo Magdaleniense el pescado adquiere importancia en la dieta.

5.2.4.1. La industria Châtelperroniense.

Es una industria de transición entre el Musteriense y el Paleolítico Superior. Su nombre procede del yacimiento epónimo de la Grotte des Fées, en Châtelperron (Francia).

Se subdivide en:

Industria lítica:

5.2.4.2. La industria Auriñaciense.

El Auriñaciense se caracteriza por una industria laminar en dos sentidos: Una industria de grandes láminas, algunas de ellas espesas, y otra de laminillas de menor formato. No es raro que se acompañe de una industria de lascas espesas talladas en materias primas de menor calidad, como utillaje "somero". Tipológicamente se puede destacar la abundancia de láminas, con retoques escamosos amplios y fuertes, raspadores carenados, buriles facetados, laminillas de retoque semiabrupto.

Se extendió por Francia, Bélgica, Cataluña, la región Cantábrica e Inglaterra.

En la industria ósea destacan sobre todo los mangos para herramientas, alisadores y azagayas, de las cuales hay tres tipos:

También se han hallado en los yacimientos punzones, cinceles, bastones perforados y varillas biseladas.

Aparecen nuevas técnicas de elaborar los útiles sobre hueso, como el pulido con arenisca y otras formas de abrasión. La industria lítica estaba realizada sobre sílex y, si escaseaba, se utilizaba el cuarzo y la cuarcita.

Se caracteriza por gruesos raspadores, a veces tallados en pequeños bloques de sílex, y por hojas retocadas en uno o dos bordes, con raspadores en el extremo en muchas ocasiones. Desaparecen las piezas de dorso rebajado; los buriles son de distinto tamaño con punta débil. El utillaje óseo es más abundante: puntas, punzones, etc.

Los hallazgos más destacables son hojas curvas de pedernal, raspadores para madera y hueso, huesos de ave con orificios (que podría ser un instrumento musical), diversos objetos de hueso y marfil, ocre utilizado como colorante, pendientes hechos con dientes de cérvido, de lobo, de zorro y de hiena, y conchas agujereadas (tal vez usadas como amuletos o marcadores tribales).

En su fase final se desarrollan los buriles a veces arqueados y desaparecen las hojas retocadas. Las puntas óseas de azagaya pasan a ser de sección redonda, y luego de base biselada. Aparece el grabado en su fase final y se multiplica durante su desarrollo.

5.2.4.3. La industria Gravetiense.

El Gravetiense es una fase de la cultura del Paleolítico Superior. Abarca la Península Ibérica, Francia, Bélgica, Italia, Europa Central, Ucrania y parte de Rusia.

Hay una gran unidad cultural en la industria lítica, en las estructuras de habitación, y en las esculturas femeninas, llamadas Venus. El utillaje óseo es menos abundante que en el Auriñaciense, aunque aparecen los primeros objetos de hueso decorados. También aparece la cocción de arcilla.

Esta fase, desarrollada hace unos 30.000 años, se caracteriza por la abundancia de buriles, incluso asociados a raspadores, perforadores, o a hojas truncadas. En cambio hay menos raspadores y en general son planos. Un útil característico es la epónima punta de La Gravette, de dorso rectilíneo. Aparecen también hojas de dorso rebajado y puntas de azagaya óseas.

5.2.4.4. La industria Solutrense.

La cultura Solutrense ocupa, dentro de la secuencia del Paleolítico Superior, un lugar transicional entre el Gravetiense y el Magdaleniense. Su desarrollo se dio en Europa Occidental, concretamente en territorio francés y en la Península Ibérica. Esta industria es obra del Homo sapiens.

El Solutrense fue la primera cultura en la que se tiene conocimiento del uso de agujas de costura.

El Solutrense europeo se encuadra en el Paleolítico Superior Medio. Durante esta fase del Paleolítico Superior se produjeron una serie de avances técnicos ciertamente rupturistas con lo anterior y que se propagaron por todo el continente. Tanto en la cultura anterior al Solutrense, la Gravetiense, como en el propio complejo Solutrense se desarrollaron nuevas formas de enmangue y de utilización de los útiles (los compuestos sobre astiles de madera); estas nuevas formas pervivirán durante el resto del Paleolítico Superior y llegarán incluso al Mesolítico y en mucha menor medida al Neolítico. En este periodo también se desarrolló de una manera muy notable el arte, con un gran auge del arte rupestre durante el Solutrense al igual que el arte mueble lo tuvo durante el Gravetiense, con el auge de las Venus.

A nivel técnico el Solutrense es una de las etapas donde más logros se alcanzaron. La innovación que supuso el retoque plano y estrecho característico de este periodo sigue sorprendiendo hoy en día. Las propias técnicas de talla y retoque evolucionaron en los periodos solutrenses, oscilando entre la talla con percutor blando, principalmente asta de reno, y la percusión indirecta; además, es importante señalar que almenos durante el Solutrense Final o Superior se utilizaron técnicas de talla por presión, y se le dio al sílex un tratamiento térmico para facilitar dicha talla.

En cuanto a la periodización de esta cultura, se habla de tres fases, en base al tipo de útil lítico dominante. La materia prima es el sílex. Algunos autores hablan de un Protosolutrense haciendo referencia a las primeras puntas de cara plana, pero generalmente se prefiere incluir esas primeras puntas en el Solutrense Inferior; las tres fases definidas son:

En la Península Ibérica, sin embargo, esta cronología se queda corta. La primera particularidad que presenta la Península es la presencia de dos zonas delimitadas por un teórico eje que va desde Portugal al Sur de Francia pasando por Madrid, lo que nos dejaría la llamada Zona Cantábrica y la Zona Extracantábrica. A nivel industrial y tipológico estas dos zonas presentan diferencias notables, si bien a nivel artístico presentan muchas semejanzas. Llama la atención asimismo la escasa representación del Solutrense Inferior en el Sur. Sólo hay dos yacimientos donde se hayan encontrado piezas enmarcables en esta primera etapa: El Parpalló y Les Mallaetes, ambas en Valencia. Los niveles del Solutrense Inferior están datados hace aproximadamente 20.000 (Parpalló) y 22.000 años (Mallaetes). Esta última es la datación más antigua conocida para este momento cultural. En la región cantábrica el Solutrense Inferior no se conoce, comenzando las secuencias al menos en el Medio. El resto de fases están bien representadas y documentadas en ambas zonas. Pero para la Península Ibérica hay que añadir una última fase, El Solutrense Final Evolucionado. En esta última fase se agudizan las diferencias entre el área cantábrica y la extracantábrica en cuanto a las características industriales; esta fase es la mejor representada en la zona mediterránea de la Península, y está caracterizada por la aparición de puntas de muesca y puntas de aleta con pedúnculo. Los yacimientos se reparten por el sur de la Península, con importantes concentraciones en Murcia (Cejo del Pantano), Valencia (La Cova del Llop) y las ya comentadas Mallaetes y El Parpalló, que son las que mejor representan este momento cultural.

Los yacimientos más importantes fuera de la Península Ibérica se hallan en Francia; como el más representativo podemos señalar el de Solutré, que da nombre a esta etapa cultural; Volgu, que ha aportado gran cantidad de utillaje, y Laugerie-Haute, localizado en un gran abrigo cerca del río Vézère y que es uno de los más importantes yacimientos tanto en extensión como en riqueza, que atestigua la evolución industrial de todo el periodo.

5.2.4.5. La industria Magdaleniense.

La cultura Magdaleniense es una de las últimas culturas del Paleolítico Superior en Europa Occidental, que fue caracterizada por los rasgos de su industria lítica y ósea. Su nombre fue tomado de La Madeleine, cueva francesa de La Dordoña.

La cultura Magdaleniense se extendió por Francia, Suiza, España y Alemania, hace 15.000 años, perdurando hasta hace 8.000 años. Se divide en Inferior y Superior, cada una a su vez subdividida en tres estadios (I, II y III). En Inglaterra existe una cultura paralela al final del Magdaleniense, llamada Creswilliense. En la Península Ibérica, la obra magdaleniense más famosa es la cueva de Altamira.

5.2.5. El final del Paleolítico.

Tras el Paleolítico Superior, la fase denominada Epipaleolítico o Mesolítico (entre hace 10.000 y 5.000 años) supuso un cambio en las condiciones ambientales y ecológicas. Hace 10.000 años comienza una mejora de las condiciones climáticas y se inicia el periodo geológico Holoceno. El cambio climático y la presión cinegética destruyeron las grandes manadas de rumiantes. Por este motivo, los últimos cazadores europeos explotaron toda una serie de recursos nuevos (peces, aves acuáticas, productos del mar, pequeños mamíferos) diversificando y explotando de forma sistemática todas las fuentes posibles de alimento. En este período hubo una explosión demográfica y los yacimientos que se han encontrado se multiplican espectacularmente.

Durante el Mesolítico se desarrollaron unos métodos de talla destinados a la obtención de instrumentos de tamaño muy pequeño, los microlitos. Muchos de estos útiles no tienen más de uno o dos centímetros y eran de una forma geométrica muy bien definida: semicircular, triangular, trapezoidal, etc. Estos instrumentos se utilizaban enmangados en el extremo o a los lados de instrumentos de madera, hueso o cuerno. Estos podían ser reemplazados si se perdían o si se fracturaban. En la caza aparecen los arcos y las flechas que permitían capturar animales a mayor distancia y con mayor eficacia.

En algunas partes del planeta, hace unos 12.000-10.000 años se descubre la agricultura y la ganadería y se inicia el período Neolítico. Se abandonan las economías de caza y recolección para pasar a otras de producción y explotación sistemática del medio. En la Península Ibérica el Neolítico tiene una antigüedad de alrededor de 7.000 años. Aparece un gran número de hachas y azuelas elaborados a partir del pulido y desgaste de piedras muy duras, como la fibrolita y la cornubianita. Sin embargo, durante el Neolítico siguen obteniéndose instrumentos a partir de láminas de sílex. Siguen utilizándose cuchillos, perforadores, taladros y puntas de flecha hechos en sílex. Pero, poco a poco, el uso de la piedra irá desapareciendo y será sustituida por los metales.

Al mismo tiempo que cambió el tipo de economía, se desarrolló el uso de la cerámica, obtenida a partir de la cocción de la arcilla. Este material permitió nuevas posibilidades de almacenamiento, transporte y preparación de los alimentos. Además la arcilla es un recurso abundante y fácil de trabajar. Desde el momento de su invención, la cerámica se convierte en el elemento predominante en los yacimientos arqueológicos, por su gran capacidad de conservación a lo largo del tiempo. Sus tipos, formas, características y elementos decorativos han servido a los prehistoriadores para ordenar cronológicamente los períodos y culturas, y conocer las relaciones de intercambio entre diferentes grupos.

Este cambio en el tipo de economía permitirá el crecimiento de las poblaciones y transformará profundamente a la humanidad.

5.3. Manifestaciones artísticas.

Las primeras representaciones artísticas conservadas hasta nuestros días corresponden al Paleolítico Superior. Hace 35.000 años aparecen las primeras manifestaciones artísticas, con las que el hombre expresa sus sentimientos estéticos utilizando diferentes formas: grabado, pintura y escultura. Hasta el final de Paleolítico Superior, las poblaciones de cazadores recolectores desarrollaron varias formas de expresión gráfica, quedando numerosos testimonios en cavidades y al aire libre. Son representaciones bidimensionales (grabados y pinturas) y, ocasionalmente, esculturas efectuadas sobre paredes o techos de cueva y abrigos, o sobre objetos mobiliares de distinta materia y naturaleza. Los primeros objetos de naturaleza simbólica también comprenden los primeros adornos del cuerpo, en forma de cuentas y pendientes.

5.3.1. El arte rupestre.

La Península Ibérica posee un enorme número de pinturas rupestres. Estas representaciones están repartidas por toda la Península, aunque la mayoría están concentradas en la zona cantábrica: en el País Vasco, Asturias y Cantabria. En el suroeste de Francia destacan las concentraciones de arte rupestre de las regiones de La Dordoña y el Arège. También existen algunos ejemplos dispersos en Italia, sur de la Península Ibérica y en los Balcanes. No se encuentran pinturas rupestres en el centro de Europa, aunque en estos mismos yacimientos el arte mobiliar es muy abundante. También hay cuevas con imágenes pintadas en América del Sur y en Australia, que tienen una antigüedad situada entre 25.000 y 10.000 años.

El arte rupestre fue dividido por el prehistoriador Leroi-Gourham utilizando criterios de estilo y ejecución, en cuatro estilos sucesivos (I, II, III, IV). Pero las dataciones absolutas que se han efectuado en los últimos años desmienten y convierten en inoperante esta división. Por ejemplo, uno de los grupos de pinturas de mayor complejidad estilística, recién descubierto, es la Cueva Chauvet (Ardèche, Francia) que según las distintas dataciones absolutas realizadas tiene una antigüedad de unos 30.000 años. Sin embargo, según Leroi-Gourham estas pinturas corresponden al estilo IV y tendrían unos 14.000-10.000 años de edad. Entre las pinturas rupestres más antiguas se sitúan también las de la Gruta Cosquer (Bouches de Rh˘ne, Francia) con 27.000 años.

De todas maneras la datación del arte rupestre presenta numerosas dificultades y hasta hace poco la precisión de los métodos de datación no permitía datar muestras pequeñas o con poca cantidad de materia orgánica. Se han obtenido fechas de 14.300 años para las pinturas de Cougnac, de 14.000 para Altamira, 13.000 para El Castillo y Niaux (Francia).

El arte rupestre es fundamentalmente un arte figurativo donde aparecen representados principalmente animales y, en muy pocas ocasiones, personas. Los animales representados son en su mayoría herbívoros y presas frecuentes de estos humanos: caballos, bisontes, uros, ciervos, cabras, etcétera, mientras que son mucho menos frecuentes los carnívoros, peces y aves. Las imágenes se presentan aisladas, con muy pocos elementos que se refieran al entorno, y en muchas ocasiones se aprovecha el relieve de las paredes de la cueva para conseguir las formas deseadas. También aparecen con frecuencia figuras o signos abstractos y son muy habituales las representaciones de manos, en negativo o en positivo, donde en ocasiones falta uno a más dedos.

La técnica utilizada es la pintura y el grabado, y en algunas ocasiones ambas a la vez. Estos pintores prehistóricos utilizaban colorantes minerales: arcillas, ocres, carbón y óxidos mezclados con materiales orgánicos para conseguir una mayor fijación de las pinturas, y que ha permitido que perduren hasta nuestros días. La mayor parte de colores conseguidos son el negro y una gran variedad de ocres. La pintura se aplicaba directamente o difuminándola. La mayoría están efectuadas con muchísima destreza, de un sólo trazo; en otras ocasiones utilizaban varios colores combinados en una sola figura obteniendo un gran realismo.

Son muy numerosas las interpretaciones científicas sobre el significado del arte rupestre. Una de las hipótesis más habituales es que guardan relación con la caza. Pero, los animales representados en las cuevas rara vez corresponden con los huesos hallados en las mismas cavernas y con la frecuencia de las especies cazadas. Existe otra serie de interpretaciones no ya como imágenes individuales, sino como combinaciones de imágenes, cuyo significado depende de la disposición y de las relaciones que guardan con las demás figuras en la cueva.

El arte parietal o rupestre aparece principalmente en cuevas y abrigos, y hasta hace poco se pensaba que estaba restringido a estos lugares. Pero hoy en día también se han hallado representaciones de arte rupestre al aire libre. Uno de los conjuntos más espectaculares de grabados se encuentra en el valle del río Coa (Portugal) y en Siega Verde (Salamanca). Aquí aparecen cerca de un millar de animales grabados que han sido fechados entre hace 19.000 y 8.000 años. Debido a los agentes meteorológicos únicamente se conservan los grabados, pero podemos suponer que los humanos del Paleolítico Superior también realizaban pinturas rupestres al aire libre pero que no se han preservado.

Arte rupestre de características similares podemos encontrarlo en otros continentes, aunque su cronología es posterior. En Australia se han encontrado numerosos abrigos con círculos grabados y marcas digitales que tienen entre 15.000 y 24.000 años. También aparecen distintas manifestaciones pictóricas en lugares tan dispares como Kamikuroiwa (Japón) con unos 12.000 años de antigüedad, en la cueva Apolo XI (Namibia) con 19.000 años, en Pedra Furada (Brasil) entre 10.000 y 12.000 años de antigüedad; todas ellas producidas por el Homo sapiens.

El primero en afirmar la existencia de arte rupestre prehistórico fue el español Marcelino Sáenz de Sautuola, tras el descubrimiento en 1879 de las pinturas de la cueva de Altamira. Fueron halladas por su hija María, mientras el propio Sáenz de Sautuola excavaba en esta cueva de su propiedad, en busca de útiles de piedra y objetos artísticos similares a los que había visto procedentes de otros yacimientos franceses. Dentro y fuera de España, se recibieron con escepticismo sus observaciones sobre la antigüedad de las pinturas, y entre ellos la opinión de los prehistoriadores más prestigiosos quitaron crédito a la opinión de Sautuola.

Las tesis de Sautuola no se reivindicaron hasta el descubrimiento en 1895 de la cueva de La Mouthe (La Dordoña), que contenía pinturas y grabados semejantes a los de Altamira. Poco después, también se encontraron más pinturas en Font de Gaume y Les Combarelles. El asunto quedó definitivamente zanjado al publicar el prehistoriador E. Cartailhac el famoso artículo Les cavernes ornées des dessins. La grotte d'Altamira, Espagne. Mea culpa d'un sceptique (Las cuevas decoradas. La Cueva de Altamira, España. Mea culpa de un escéptico).

A lo largo de toda la cueva de Altamira se han encontrado más pinturas y grabados, pero sin duda la sala de los bisontes o sala de los polícromos es la más afamada y la que mayor calidad artística tiene. En el techo de esta sala podemos encontrar un conjunto de animales, bisontes en su mayoría, pero también jabalíes, ciervos, caballos, manos humanas... Las figuras están pintadas aprovechando el relieve de la roca, y tienen un gran naturalismo. Sin embargo, como todo el arte rupestre, las pinturas de Altamira encierran un simbolismo que no podemos comprender. La cronología de Altamira corresponde al período Magdaleniense y ha sido datada en unos 14.000 años de edad.

Detalle de la sala de los polícromos en Altamira

La región cantábrica es uno de los principales núcleos de concentración de yacimientos con manifestaciones artísticas, tanto muebles como parietales, distribuidos de forma continua desde el Pirineo Occidental hasta Asturias. Destacan las cuevas de Ekain, Santimamiñe, Urtiaga y Altxerri en el País Vasco; El Castillo, La Pasiega, Covalanas, La Hoz en Cantabria; Tito Bustillo, La Riera, El Buxu, Sidrón, El Pindal, La Loja en Asturias. Otros ejemplos de arte rupestre en la Meseta son Ojoguareña en Burgos, Los Casares en Guadalajara, El Niño en Albacete, Domingo García y La Griega en Segovia.

5.3.2. El arte mobiliar.

El arte rupestre también aparece en forma de grabados, pinturas o esculturas sobre objetos de piedra y huesos, y se denomina arte mobiliar o mueble. Estos objetos están representados por toda Europa y por toda la Península Ibérica, llegando incluso hasta Siberia. Su diversidad implica a los materiales (hueso, asta, marfil, plaquetas de piedra, cantos rodados, arcilla), a las técnicas de fabricación (grabado, dibujo, escultura) y a la forma y función de los soportes. Hay cierta variedad geográfica que se refleja en la concentración de algunos materiales, temas y objetos en alguna de las zonas. En ellos aparecen representados los mismos motivos y animales representados en las paredes de las cuevas.

Venus de Willendorf

Forman parte del arte mueble las representaciones escultóricas de imágenes femeninas, las llamadas Venus. Estas figuras surgen hace unos 35.000 años y perduran durante más de 20.000 en los yacimientos del Paleolítico Superior. Se trata de pequeñas figuras que tienen los atributos sexuales muy desarrollados: pechos, caderas, glúteos, vientre, pubis. En cambio, otras partes del cuerpo como los brazos, piernas e incluso la cabeza no aparecen representadas o apenas están esbozadas. En muchas ocasiones, estas figurillas se han considerado como imágenes divinizadas de la fertilidad, o bien, representando los ideales estéticos de su tiempo. Fuera cual fuere su significado, al igual que sucede con el arte rupestre, escapa a nuestra comprensión ya que no debió ser único, adquiriendo diferentes sentidos a lo largo de su desarrollo.

También se consideran arte mueble los relieves o impresiones sobre arcilla, que pueden ser simples marcas digitales o figuras tridimensionales, como los bisontes de Le Tuc d'Audoubert (Ariège, Francia), datados en 14.000 años.

Uno de los ejemplos más antiguos es la estatuilla de un mamut sobre marfil procedente del la cueva Vogelherd (Alemania), datada en torno a 32.000 años. El apogeo del arte mueble se alcanza en el Magdaleniense con una gran variedad de técnicas, soportes y temas. Los objetos procedentes de La Madelaine y Leugerie-Haute en Francia y de La Viña, Tito Bustillo o El Castillo en España corresponden a este periodo de apogeo.

     Ver vídeo complementario sobre el arte parietal y arte mueble [7:16]  


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